Por: Monseñor Wax
Gran triunfo el de la penalización del aborto. Y es que para el ojo no educado la mórula (producto de un pecaminoso y sudoríparo intercambio de fluídos) no es más que un microscópico molusco arrastrándose hasta la entraña, blando, inofensivamente humanoide.
Pero ninguno de ellos sabe que las mórulas crecen y se convierten en sensacionales feligreses, ardorosos combatientes de revoluciones que nunca terminan, peones de hierro de la iglesia y de la patria.
Marcados por el pecado hasta la epidermis, malditos por los vaivenes de los ritmos circadianos, buscan olvidar el vientre frío donde llegaron al mundo con la cariñosa tiranía del ministro, el líder, el dogma.
Acabemos con el monstruoso egoísmo de las que piensan que la mórula les pertenece, será su cuerpo, será su simiente pero la mórula . . . la mórula es de quien la trabaja.
Atte.
El reino es de Dios, yo sólo le cobro los impuestos.
Monseñor Wax.
Gran triunfo el de la penalización del aborto. Y es que para el ojo no educado la mórula (producto de un pecaminoso y sudoríparo intercambio de fluídos) no es más que un microscópico molusco arrastrándose hasta la entraña, blando, inofensivamente humanoide.
Pero ninguno de ellos sabe que las mórulas crecen y se convierten en sensacionales feligreses, ardorosos combatientes de revoluciones que nunca terminan, peones de hierro de la iglesia y de la patria.
Marcados por el pecado hasta la epidermis, malditos por los vaivenes de los ritmos circadianos, buscan olvidar el vientre frío donde llegaron al mundo con la cariñosa tiranía del ministro, el líder, el dogma.
Acabemos con el monstruoso egoísmo de las que piensan que la mórula les pertenece, será su cuerpo, será su simiente pero la mórula . . . la mórula es de quien la trabaja.
Atte.
El reino es de Dios, yo sólo le cobro los impuestos.
Monseñor Wax.